16.10.16

Segar

Me gusta pensar que mi cuerpo necesita el letargo
en su voz dulce y carente de armonía me suplica dormir
arroja sobre si el edredón cálido
en forma de crisálida
pero él no busca resurgir, no.

No busca la ceniza ni la llama
Solo el humo tóxico, los párpados sellados,
quién puede decirnos si en la hora más oscura
vendrán a iluminarnos los silencios de los campos
las quietudes de los ancianos.

Qué inunda
a quien muere joven
si en sus manos no ha habido tiempo a que se engendren los surcos
cómo ser tierra así
sin grietas, sin humedades,
solo liso y aún cálido,
infunde lastima,
el llanto y no el alivio
del saber que ya había que marchar
dejar tu espacio a un canto venidero
a un canto,
que irá con el tiempo ahondando
más y más en la tierra oscura.
Muerte tan cercana
sin papel, sin estrellas.

Allí abajo solo nos queda
abrazarnos a la mudez.
Y es que esta noche
y para siempre
los minerales no cantan.