27.6.16

Las olas

Tierra adentro
mar adentro,
el viento se posa, se dobla y se estremece,
mece papeles y hojas en su baile,
consigue peinar las aguas en reflejos azules.

La espuma se trenza y colapsa contra las rocas,
transmite una inocencia lastimera
de niña autodestructiva
que extiende sus brazos para plegarlos y rizarlos
para luego dejarlos caer,
entre carnes desbordadas
contra el filo de un cuchillo
que brilla en azul plateado.

No hay candor en su acción
ni sorpresa en su mirada,
su cuerpo se estremece
enraizado a las olas.

Quisiera tomar su malo y destilar
los minerales 
incrustados en sus costillas,
mas la toco y mis dedos se contraen 
con las uñas encharcadas.

Ella se mantiene muda,
petrificada.

La hora azul acontece
la noche se extiende sobre nuestras cabezas
lenta, sumisa.

Siento sus latidos acelerarse
pero mi cuerpo es arrastrado
hacia la orilla.
Es el mar, que me expulsa
antes de que la oscuridad
engulla este verde paisaje.

Mientras me alejo puedo ver
su mirada,
de su boca manan burbujas
y su vientre se hincha como una esponja
que quisiera luchar contra el mar
devorándolo.

Y cuando despierto a la mañana siguiente
estoy tendida en la arena
febril, diminuta,
incapaz de vislumbrar su silueta lejana.

Y como un crimen oscuro, su ausencia,
se extiende en la arena cual velo
y sé que este silencio, este vacío
no es más que la mala noticia
que precede a lo terrible.