26.9.16

Simulacro de color blanco

Aún siento mis heridas como si no fueran mías,
y esa visión me empuja a morir ante un público deseoso.

Podría matarme y seguir la senda de mi sangre esparcida
 por el suelo, corriendo entre baldosas
hasta penetrar en la tierra y hacerme a su silencio,
medrar como un muro artificial pero impasible,
nítido y carente de sombra,
ascendente como un dios ridículo,
 creado para novela,
sin diente que quiera hendir mi cuerpo,
completamente blanca,
completamente muerta.

Practicar así,
con mi sangre cultivando la tierra,
mi mirada de piedra en coloquio amable con el cielo
será ventaja cuando mi cuerpo elija bajar al sepulcro junto con su ser.
Árboles y minerales acogerán mi cuerpo en un abrazo frío,
tocarán mis extremidades y se verán felices de poder conocerme al fin
así,
tal y como soy:

Hinchada de tierra y cubierta de suciedad,
con las carnes pendiendo de un hilo, mórbidas,
esparcidas entre la niebla.
Así me verán, sí. Completa.